Yavirak – Panecillo

ecuador-16El panecillo se llama así, desde cuando apenas los españoles arribaron a América se encontraron con el cerro tan redondo y armonioso que se levantaba en el centro del territorio Kitu (actual centro histórico de Quito), en su mirada rápida lo vieron muy similar a un pan, entonces lo bautizaron con el nombre Panecillo.

Para los pueblos andinos es un YAVIRAK (lugar Sagrado), sitio en la que las fuerzas naturales del universo (fuerza de la gravedad, magnetismo terrestre, atracción lunar, radiación solar) se concentran logrando el equilibrio energético en su máxima expresión, fenómeno que se nota en mayor esencia en los raymikuna; el punto de relación de la tierra con el Sol en su recorrido astrológico que se refleja en el Yavirak o panecillo le corresponde el mes de junio, por lo que desde los tiempos inmemoriales su habitantes el 21 de junio celebran el Inti Raymi en el lugar, como constancia de reconocer la existencia del sitio energético y su relación directa con el astro rey.

Existen varios documentos ancestrales (leyendas) que guardan celosamente la ciencia y la sabiduría de estos pueblos milenarios; cuenta una de las leyendas que Atahualpa había mandado a construir en la cima del Yavirac un templo de oro puro, el pushak runa (Atahualpa) entendía mucho sobre el uso del metal precioso, y lo veía como un elemento que más se parecía a los rayos de luz que brotaban del Sol,  su relación como un medio conductor más efectivo de energías entre el macro y microcosmos(en la actualidad el metal se usa en la construcción de los dispositivos electrónicos por considerarse el más adecuado para mejorar la conductividad de  transmisión digital de datos).

Para los españoles en cambio, aquel metal solo significaba conquista, gloria, fortuna, tierras, nobleza, poder sin límites. Luego de matar al Inca Atahualpa (que en ese entonces tenía 33 años), desde el kullasuyu marcharon a toda prisa hacia Quito con ansias de repartirse los tesoros del Templo de Oro que se encontraban en la cima del Yavirac.

Cuando llegaron al Panecillo en las tierras de los Kitu no encontraron ni una pepa de oro, el Templo del sol había desaparecido. Pero lo que no sabían los foráneos era que pasando por caminos secretos entre arañas venenosas, alacranes gigantes, trampas mortales y entre cientos de doncellas hermosas llenas de juventud eterna se ocultaba la puerta del acceso al corazón del cerro en donde se guarda el precioso metal en memoria del hatun tayta Atahualpa. Ahí se encuentra los tesoros de los Kitus y de los habitantes originarios del Apya Yala, seguro que un día en el espacio tiempo del pachakutik las fuerzas naturales se armonizarán permitiendo visualizar la puerta de acceso al templo sagrado Yavirak, para así deberlar los secretos de una cultura milenaria.

CGC.

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